Gérard Depardieu, el ‘Obélix’ de Nicolás Sarkozy, el ‘Rasputín’ de François Holande, y el ‘ruso nuevo’ de Vladímir Putin
EL GLOBO ROJO
SANTIAGO J. SANTAMARÍA
En 45 años de carrera ha pagado 145 millones de euros al fisco francés. Eso significa que a Gérard Depardieu, que comenzó a trabajar a los 14 años en una imprenta y fue mozo de almacén antes de ser actor, le ha ido muy bien en la vida. Ha cosechado fama y fortuna y ha representado como nadie, en personajes como Cyrano de Bergerac, Obélix, Danton y el conde de Montecristo, el espíritu libre y a veces desmedido de una Francia orgullosa de su ‘grandeur’. Pero ahora, desde hace unos meses atrás, Depardieu, el actor mejor pagado de Francia, se ha cansado de pagar. Para su desgracia, no ganó el candidato al que apoyó, Nicolás Sarkozy, sino François Hollande, cuyo Gobierno se ha empeñado de manera obsesiva con gravar con un 75% las rentas superiores a un millón de euros los próximos dos años.


El caso Petraeus partió como un rayo el otoño de nuestro descontento. “Estoy apasionad@ con el caso Petraeus”, se convirtió en la frase más repetida en smartphones, en las últimas semanas del 2012. Es apasionante, no solamente por los ingredientes de adulterio generalizado militares que se transforman en espías, esposas silenciosas y amantes que corretean por las esquinas de ese Pentágono emocional, sino también por la propia mecánica de la narración, el avan ce por entregas como si de una serie de televisión se trata se, del mayor escándalo políticosexual de la historia reciente de la CIA. Entre tanta encuesta fallida de la televisiva Milenio de Carlos Marín y Ciro Gómez Leyva; los debates de los en tonces ‘presidenciales’, Enrique Peña Nieto, Andrés Manuel López Obrador, Josefina Vázquez Mota y Gabriel Quadri; las movilizaciones de los ‘independientes’ del 132, clamábamos en Cancún y en Quintana Roo por un caso Petraeus que nos dejara con la cara de piedra y el corazón en vilo.
El culebrón artístico más surrealista del verano ha sido protagonizado por un ‘Ecce Homo’ de un siglo de antigüedad y escaso valor artístico, que hace unas semanas sufrió una peculiar restauración por parte de una vecina de la localidad zaragozana de Borja, en España. El resultado de la intervención no solo es catastrófico, borroso e irreconocible, sino que también se ha convertido en objeto de parodia, carne de fotomontaje. Hasta han aparecido falsos perfiles en las redes sociales en las últimas 48 horas. Tamaña está siendo la repercusión de la noticia que ya encabeza las listas de lo más leído y más reenviado en las webs de diarios como Le Monde, el Telegraph o la BBC.
En la ciudad de Sevilla, Don Juan Tenorio ha hecho una apuesta con Don Luis Mejía, consistente en saber quién de los dos ha tenido mejor fortuna obrando de peores maneras. Tras comprobar que ambos han realizado el mismo número de fechorías se hace un nuevo envite: Don Juan tendrá que conquistar el amor de una novicia y una doncella en vísperas de matrimonio. El “Don Juan Tenorio” de José Zorrilla es la personificación literaria más popular que se ha hecho del legendario personaje Don Juan, que ya había sido inmortalizado con anterioridad por grandes escritores como Tirso de Molina, Lord Byron o Moliere. En esta obra teatral, Zorrilla, con una hermosa capacidad poética y un estupendo perfilado de caracteres y situaciones, muestra un protagonista rebelde y libertino pero también piadoso y redimido, paradigma del héroe romántico. Es una visión romántica de las obras “de capa y espada”, El siglo XVI marca el comienzo de los tiempos modernos en España y Europa.
Los últimos meses de los ochenta y primeros de los noventa del pasado siglo XX fueron, sin duda, uno de los períodos más difíciles para los cubanos. Después de décadas bajo la ‘tutela’ de la Unión Soviética y su ‘Came’ o ‘Comecón’, organismo supraestatal encargado de dirigir las economías planificadas desde Moscú, de la noche a la mañana, todo se fue abajo.
En la épica defensa de El Álamo, donde las figuras de la historia se acrecientan con la larga sombra de la leyenda, un sólo nombre ha sido inscrito en el amarillo color de la cobardía: Louis Rose, apodado por los amigos ‘Moses’, Moisés (por la edad), y mucho menos cariñosamente pasado a la posteridad como “la otra Rosa Amarilla de Texas” -la original, la que dio pie a la canción, fue Emily Morgan, escultural mulata cuyo patriótico retozar con el general Santa Anna, quiere el mito, dio tiempo a Sam Houston para ganar la batalla de San Jacinto. Rose, de origen francés, como recuerda maliciosamente la historiografía estadounidense, escapó con vida de la antigua misión española para lidiar el resto de su existencia con el sambenito de gallina.
La nieve y la lluvia no fueron obstáculo para que Sevilla y Cancún reunieran, en el Real Alcázar y en el Instituto de la Cultura y de las Artes, a lo más exquisito de las ‘realezas’ españolas y mexicana... La presentación del libro “Yo Cayetana” de la Duquesa de Alba y la elección de Miss Gay de Quintana Roo movilizaron a las ‘reinas’ y ‘princesas consortes’ y a un buen número de ‘séquito cortesano’.