El ‘socialismo del siglo XXI’ no puede con “Caracas y sus cerros”

REPORTAJES

SANTIAGO J. SANTAMARÍA

CARACAS, VENEZUELA (EyC).En mis anteriores visitas a Venezuela, en la década de los noventa del pasado siglo, llegué a la sede que tiene en Caracas la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Este es el organismo dependiente de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) responsable de promover el desarrollo económico y social de la región. Sus labores se concentran en el campo de la investigación económica. Sus interesantes estudios nos han servido para escribir artículos como éste, de nuestro entorno geográfico, publicados en las revistas EDUCACIÓN Y CULTURA y VÓRTICE.

Nada más llegar a tierras ‘bolivarianas’ lo que atrajo más mi atención, y no se ha borrado de la memoria, es el trayecto en autovía del aeropuerto de La Guaira a Caracas: una ascendente sucesión de curvas flanqueadas de montañas y lomas en las que jirones de brumas desdibujaban apenas las laderas cubiertas de chozas de una audaz verticalidad compositiva, en precario equilibrio, superpuestas unas sobre otras. Unos 20 años después, comprobé con melancolía la tenaz exactitud del recuerdo.

Las casitas -los ranchosse repetían de cerro en cerro, con su abigarrada mezcla de colores, en abrupto y casi milagroso desafío a la fuerza de la gravedad. El cinturón de miseria que rodea la capital sigue siendo el mismo, a pesar del ‘socialismo del siglo XXI’ que pregona el actual presidente Hugo Chávez. Chozas y más chozas de madera vieja y hojalata, como si la modernidad y el progreso del país en los últimos 30 años, fruto de su renta petrolera, engendrara como fatal corolario unos barrios salvajes, sin plan ni organización algunos, creados por la acuciante necesidad de los campesinos sin techo, atraídos por el espejismo del éxito y prosperidad de la capital. La masa de inmigrantes que ni el oro negro ni las actividades comerciales promovidas por la expansión de la ciudad podían absorber, estaban en el brete de improvisar sus propias leyes, independientemente de un Estado que, a falta de poder integrarlos en el orden social y económico que encarna, les resultaba ajeno y hostil. La lucha por la vida -retratada en algunas novelas que leí a raíz de mis anteriores visitasdesembocaba inevitablemente en un escenario de violencia, alienación y marginalidad. Los cerros coloridos de los ranchitos, como las favelas brasileñas, se convirtieron así en reinecillos de Taifas, en zonas autárquicas e independientes del poder central.

El auge económico de Latinoamérica no anda reñido con la tribalización

Relector de Ibn Jaldún desde el comienzo de la llamada primavera árabe, me sorprendió gratamente el reciente y certero ensayo del arabista Gabriel Martínez-Gros, especialista en el gran historiador medieval, publicado en la revista “Esprit” con el título de “L’Etat et ses tribus, ou le devenir tribal du monde” en el que extiende su análisis contrastado de las actuales zonas sedentarizadas y tribales, controladas o no por el Estado, del mundo árabe a Latinoamérica. La dependencia de unas con otras articula en efecto los elementos contradictorios del progreso económico y de una violencia pandillera, originada por la marginación territorial y social, como las dos caras de una misma moneda: “El nivel de criminalidad verdaderamente inaudito en la América Latina de hoy desborda la explicación por el paro y la pobreza, por lo demás en retroceso. Muestra, sin duda posible, lo que cualquier habitante de una metrópoli latinoamericana sabe por experiencia: existen barrios y suburbios en los que la autoridad del Estado ha desertado casi por completo y en donde reinan las nuevas tribus, de escasa rentabilidad, pobres y armadas”.

El espectacular auge económico de Iberoamérica no anda reñido con la exclusión y tribalización de grandes sectores de la población, ni con la división de esta entre el territorio productivo urbano y el que segrega, como contrapunto a su riqueza: el de los arrabales que la circundan con una excrecencia imposible de erradicar. El fenómeno no se limita a Brasil y a los países de habla hispana y tiende a extenderse tanto en el mundo piadosamente llamado “en vías de desarrollo” como en el corazón de algunas capitales norteamericanas y europeas -las revueltas de la ‘banlieu’ parisiense de 2008 son un buen ejemplo de ello-, pero en ningún caso la contraposición de la fuerza centrípeta del poder estatal a la centrífuga de lo expulsado a los márgenes se manifiesta de forma tan cruda como en Brasil, México o Venezuela.

La Revolución bolivariana de Chávez ha intentado romper el fatalismo de dicha dicotomía a partir de un socialismo sui generis mediante la creación de programas sociales -alimenticios, sanitarios, educativos, culturalesdestinados a la población más pobre y vulnerable. Según el programa de Naciones Unidas para el desarrollo, Venezuela es el país con menos desigualdad entre pobres y ricos en América Latina y, conforme a los datos del Gobierno, el número de aquellos habría descendido del 49,4% a un 28,8% desde que Chávez asumió el poder. Pero dichas cifras son discutibles y la prensa de oposición afirma que el 50% de los venezolanos viven en chozas o sin casa propia, como los que se hacinan en el extrarradio de la capital. Si el pueblo -la propaganda oficial habla de pueblo, no de ciudadanía-, tiene hoy acceso a los programas de comida y medicina gratuitas -un logro que ni la oposición puede negarel hibrido de democracia y populismo de la Revolución bolivariana no ha alcanzado a desenclavar a la población de los ranchitos ni a ofrecerles una vivienda digna. Sus incuestionables mejoras se han hecho a cuenta del maná petrolero, sin crear las bases de un crecimiento económico por medio de la diversificación industrial y comercial generadora de empleo.

Chávez intenta combatir las diferencias a través de distintos programas sociales

Si proyectos como el metrocable o teleférico del cerro de San Agustín desde el que se puede atalayar como el Diablo Cojuelo la impresionante superposición de techos de hojalata, cabañas de bajareque con toda su gama heterogénea de colores, escuelas recién creadas con pintadas patrióticas, escalerillas a salto de pendiente y vertederos sin recogida alguna, son sin duda encomiables, mas serían necesarios una docena de teleféricos más para permitir a los centenares de miles de habitantes atrapados en los ranchitos el libre acceso a la ciudad, y aun así ello no eliminaría su endémica estructura tribal ni el altísimo nivel de violencia que engendra. El número de homicidios del área metropolitana caraqueña es uno de los más altos de América. Los chamos (chavales) de las colinas que rodean la capital actúan por libre en el territorio que controlan. El número de agentes de policía asesinados desde comienzo de año ascendía a 27. Si a ello agregamos la corrupción latente en la administración y el acoso a los opositores y a sus órganos de expresión, el panorama no es alentador pese al entusiasmo sincero de los militantes de la Revolución bolivariana.

La campaña electoral para los comicios del 7 de octubre promete ser dura. Si a los factores en juego que he enumerado a vuelapluma se añade el de incertidumbre sobre el estado de salud del Presidente, la por ahora previsible victoria de este en las encuestas no resolvería la dicotomía entre la ciudadanía urbana y la fragmentación tribal de los cerros. El discurso de Chávez al pie de la escalerilla del avión a su regreso hace poco de La Habana, conmovedor para muchos y autoparódico hasta la caricatura para otros, con sus reiteradas invocaciones a la patria, el pueblo, Dios, Cristo, Bolívar, Fidel, Marx e incluso Nietzsche evidenció el corte radical entre dos mundos opuestos. El plebiscito a favor o en contra del líder no resolverá, sino aplazará con precarios pero electoralmente rentables paliativos los conflictos que enfrentan a la sociedad venezolana. La belleza sombría de los cerros, envueltos en jirones de niebla, acompañará a un largo tiempo al viajero que asciende por la vía del aeropuerto con su mezcla increíble de miseria y grandiosidad.

Venezuela posee las reservas de hidrocarburos más grandes del mundo

Venezuela se ha convertido en un centro de atención de tirios y troyanos, un país donde todo lo que sucede es noticia y la polarización llega al extremo de que para cualquier estudioso, encontrar la verdad, debe hurgar hasta la saciedad. Es un país con una gran riqueza en todos los sentidos, posee las reservas probadas de hidrocarburos más grandes del mundo con 296 mil 500 millones de barriles de crudo y la octava reservas de gas (195,1 billones de pies cúbicos disponibles). Recientemente demostró que su política económica no es tan errada como mucho dicen al lograr concluir el primer trimestre del 2012 con un crecimiento de su PIB al llegar a un 5,6 por ciento, resultado que seguramente es envidia de europeos y no europeos. Son seis trimestres consecutivos de crecimiento en medio de esta crisis mundial que nos agobia, y para colmo, creció en prácticamente todos los parámetros, según informaciones de los medios de prensa.

Durante una visita realizada hace escasos días a esa nación, pudimos entrar en contacto con su pueblo y comenzó, como casi siempre ocurre, con el taxista que nos condujo al hotel.... Este hombre, entrado en años, conocedor de lo que significó para muchos venezolanos la Cuarta República y sus derivados, nos espetó en cuanto comenzó la conversación: “Pana, como Chávez no hay nada, tú ves esos cerros que tenemos al frente, ese era el destino de los que como yo, no teníamos reales, ahora la cosa es diferente”.

En nuestros breves días en Caracas, pudimos conversar con chavistas, menos chavistas y antichavistas, estos últimos, más cercanos a las clases medias y altas y geográficamente ubicados en lo que se conoce en esa capital como la zona este. Tomamos en nuestras manos uno de los periódicos de mayor circulación en el país, “Ultimas Noticias”, y pudimos leer un chiste que nos sirvió de medida en cuanto a la pugna que existe ya entre los aspirantes a la presidencia para el próximo mandato: Hugo Chávez y Henrique Capriles. El chiste en cuestión plantea que el candidato opositor, Capriles, se encuentra la lámpara de Aladino, la frota y sale el genio que le ofrece cumplir tres deseos. Los tres deseos de Capriles fueron: “Quiero ser muy inteligente”, “Quiero que mi pueblo me ame” y “Quiero ganar las elecciones de octubre”... El genio, como manda el guión de los ‘aladinos’ lo complacio de inmediato: Lo convirtió en Hugo Chávez.

La inseguridad es otro de los serios problemas de la sociedad carioca

El gobierno actual en sus 13 años de existencia ha hecho una obra social interesante, eso es reconocido por casi todos los que seguimos y estudiamos ese proceso. Tan cierto es, que comentan los medios de prensa venezolanos que el contendiente de la derecha toma como bandera logros de Chávez como las llamadas Misiones Sociales y la vinculación con la ciudadanía, cuestión esta que difícilmente le salga bien a nadie. Los problemas heredados por los chavistas son muchas y pasar de un capitalismo brutal a un ‘Socialismo del siglo XXI”, con la misma base económica y toda la estructura del sistema anterior, parece una obra compleja. En la sociedad venezolana hay claros y sombras, especialistas mencionan con frecuencia como los principales problemas la inflación, los precios de sus productos puntean en la región.

La inseguridad es otro de los serios problemas de esa sociedad, aún no han podido resolverlo aunque sus dirigentes plantean que con una serie de medidas que se están tomando debe disminuirse, son cosas que aún afectan a esta nación suramericana. La burocracia y la indisciplina ligada a la corrupción también es motivo de atención especial del gobierno pues es algo latente en el sector público y privado y es motivo de quejas de los venezolanos de a pie.

Venezuela entra en un momento crucial y aunque los problemas son ciertos, la pesa se inclina ante lo positivo para la mayoría. Disminuir la pobreza, ampliar la inclusión, mejorar la salud, la educación, el deporte; llevar a cabo una política para la vivienda, lograr que el salario mínimo sea el mayor de la región. Y como si fuera poco, está disminuyendo el desempleo en un momento donde otros países lo ha ce crecer, eliminó el analfabetismo, en fin, son bastantes los ejemplos que leemos y escuchamos a diario.

La oposición desunida, en una ‘guerra’ entre viejos y nuevos partidos

La oposición venezolana que pretende ganar el poder en el próximo mes de octubre, al parecer, no tiene una tarea sencilla. Gira todo alrededor de una Mesa de la Unidad Democrática que algunos venezolanos dicen que de unidad tiene bien poco. Muchos intereses partidarios, los viejos partidos luchando junto a los nuevos con un candidato del que se dice, “aunque lo pinten bonito, no tiene ni carisma, ni conocimientos, ni altura para enfrentarse a Chávez”.

Además, en Venezuela constantemente se menciona su hoja de vida, vinculada al golpe de estado del año 2002 y a la toma en aquellos momentos de la Embajada de Cuba en Venezuela ya que era el alcalde de la zona, tiene un pasado turbio oscuro. La mayoría de las encuestas, que pululan en estos meses, plantean que la brecha entre los candidatos está entre un 15 y un 20 por ciento y en las últimas comienza a separarse más al actual mandatario.

Los análisis que hemos estudiado, llevan a pensar que si las elecciones fueran hoy, no habría quien le quitara la presidencia a Chávez. La mayoría del pueblo lo respalda. Por supuesto, es temprano aún, no podemos obviar la lamentable enfermedad que afecta al líder de Venezuela y que aunque se plantea su recuperación es un elemento cuyo futuro nadie puede predecir.

Los próximos meses serán de lucha, contienda, campañas y por qué no de enfrentamientos, ya comienzan a verse los primeros signos de violencia contra la prensa y otros. Y el momento, a nuestro entender, más complicado será cuando a través de las urnas se elija al presidente. Desde nuestra línea de observación seguiremos estudiando y mirando al sur, atentos al proceso que se vive en ese pueblo de nuestra América. Esperemos que escojan a quien la mayoría desee y que el contrario lo acepte como debe suceder entre civilizados.

Un último cuento que circula por Caracas. Dicen que en el aeropuerto Simón Bolívar, centenares de venezolanos se agolpan en las oficinas de Cuba de Aviación, Hay una fiebre por ir a La Habana. Todo el mundo quiere visitar ‘Caimán Verde’. Esta situación no pasa desapercibida para la prensa internacional radicada en el país de Hugo Chávez. Los periodistas y las cámaras de la CNN, Al Jazeera, Prensa Latina, EFE, Televisión Española... no tardan en llegar y preguntar a los impacientes viajeros. Al unísono les responden: “Todos queremos ver la forma de ir a vivir a La Habana. Compañeros, en Cuba, desde hace meses se está acabando ya el comunismo. En Venezuela, por el contrario, está empezando...”

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